6 motivos para no tomar leche de vaca

Hace muchos años que no tomo leche de vaca. Recuerdo que de un día para otro empezaron a decir que no era buena para el organismo. Lo cierto es que a mi nunca me ha sentado demasiado bien.  Después descubrí que:

1. No es la mejor fuente de calcio.  La leche de vaca tiene calcio, sí, pero apenas es absorvible por el cuerpo humano.  La mejor fuente de calcio proviene de las hortalizas, los frutos secos y las legumbres secas. No tienen tanto calcio como la leche de vaca, pero se asimila mucho mejor, y por lo tanto el organismo lo aprovecha más. Al contrario de lo que nos hacen pensar, eliminar la leche animal de la dieta no supone riesgo para tus huesos si sigues una dieta equilibrada. Hay numerosos estudios e investigaciones que lo demuestran. Por ejemplo, la Universidad de Harvard realizó un estudio que demostró que no tomar leche animal o tomar poca cantidad no aumentaba el riesgo de osteoporosis. Otro ejemplo más curioso: las mujeres bantú, una etnia africana que como media tienen 8 hijos a los que amamantar, no toman leche animal y no tienen problemas de huesos asociados a la falta de calcio.

2. Este increíble alimento es esencial para los terneros bebés en sus primeros meses de vida, pero una vez que han sido destetados nunca más necesitarán tomar leche y esto se aplica a todas las especies de mamíferas del planeta. Razón por la cual no es buena para los adultos. Así, después vienen los problemas de la intolerancia a lactosa. Se calcula que la mitad de la población mundial la padece. Y no solo eso:

  • The American Academy of Pediatrics recomienda que los niños menores de un año no tomen leche de vaca.
  • La Sociedad Europea de Gastroenterología, Hepatología y Nutrición pediátrica confirma que la leche de vaca sin modificar no debería constituir la bebida principal en bebés menores de 12 meses.
  • Y la Organización Mundial de la Salud (OMS) alerta de que un consumo excesivo y demasiado precoz de lácteos de vaca no modificados supone una carga excesiva para el riñón.

3.  Nos han hecho creer que las vacas necesitan ser ordeñadas o de lo contrario sus ubres explotarán. O en otras palabras, que les hacemos un favor al ordeñarlas. Esto es mentira. Las vacas solo producen la leche que necesitan para alimentar a sus crías. Si no tienen bebés, no producen leche. Así de simple. Para mantener a las vacas lactando, los granjeros las dejan preñadas mediante inseminación artificial una vez al año. Las apartan de sus crias a escasas horas de haber nacido, a las que amamantan con leche artificial.

4. También nos han hecho creer que consumiendo su leche, la vaca no sufre. Las pésimas condiciones de las granjas industriales les causa cojera, enfermedades y problemas reproductivos dejándolas inútiles a los 4 o 5 años de edad cuando su vida útil en la naturaleza es de 25 años. En otro artículo que escribí, mostraba precisamente cómo viven estos animales destinados a la industria de consumo. Para verlo pulsa aquí.

5. Presenta una alta cantidad de grasas saturadas, es decir, las malas para el organismo. En concreto la leche entera posee alrededor de un 70% de grasas saturadas y un 30% de insaturadas (las buenas para regular el colesterol). El problema, además de la gran cantidad de grasas saturadas, es que las insaturadas pierden su efecto anticolesterólico al ser pasteurizadas y homogeneizadas. Ambos procesos obligatorios en la leche que podemos encontrar en los supermercados para acabar con las bacterias.

6. La leche animal convencional incluye unas 60 hormonas, -por ejemplo a los terneros se les administra la hormona del crecimiento-, y una serie de tóxicos derivados de los procesos industriales nocivos para el cuerpo humano.

Finalmente decidí sustituirla por leche de soja, muy de moda en los últimos años. Más tarde se empiezó a cuestionar la fiabilidad de este “alimento milagro” ya que la mayoría de la leche de soja que venden en los supermercados proviene de soja transgénica, es decir, que se obtiene mediante manipulación genética para que resista la acción de los pesticidas. Así que decidí comenzar a beber leche vegetal orgánica (de almendras, avellanas, avena…). Además de estar buenísimas, sientan muy bien al organismo.  Lo que pasa es que cada brick ronda los 3 euros, y además, cada vez soy más afín a “la autosuficiencia”, así que decidí hacerla yo en casa. Es muy económica, y sobre todo sanísima y rapidísima de hacer. En 10 minutos la tendrás lista.

Leche de avena

 

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