Tu nacimiento, Mateo

Desde pequeñita soñaba con algún día ser madre. Eso sí, decía que adoptaría a mis hijos, pues siempre he tenido un miedo terrible al parto. Historias horribles, llenas de dolor y sufrimiento llenaban mi cabeza. Hace un año me quedé embarazada, y conforme fue avanzando el periodo de gestación, mis fantasmas se fueron esfumando. Por supuesto no fue arte de magia. Una buena praparación al parto, una matrona que me inspira paz y confianza y la lectura de relatos de mujeres fuertes y valientes que dan a luz como el mayor de los milagros, hicieron el resto. Hoy, quiero ser como ellas, y compartir con vosotros el día más feliz de mi vida. El día de:

Tu nacimiento, Mateo

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El último mes se hizo interminable, teníamos unas ganas locas de conocerte. Se convirtió en rutina empezar con contracciones después de cenar, que cesaban al par de horas. Cuando paraban las molestias pensábamos, otro día más sin ver tu carita. Al amanecer, siempre la misma pregunta: ¿será hoy…? Cuando nos metemos en la cama la madrugada del 26 de abril, no imaginamos que, al fin, hoy sería el gran día. Es viernes, y a la 1 de la madrugada, rendidos, nos metemos en la cama. Tu papá se queda dormido y yo empiezo con contracciones, suaves, similares a las de unos días atrás. No me alarmo. Pienso que no son más que las que me dan cada noche, así que intento relajarme. Pero esta vez es diferente. Imposible dormir, no tanto por las molestias, sino porque algo me dice que estás cada vez más cerca. Siento constantemente muchas ganas de orinar, por los nervios y porque tu cabecita cada vez hace más presión sobre mi vientre. A las 3.30 decido despertar a papá, estoy muy inquieta. A él le sorprende que le despierte, e inmediatamente me dice: Cariño, ¡hoy es el día, estamos de parto! Le digo, “ojalá”. Aún no podía creer sus palabras. 9 meses esperándote y, ¿al fin sería hoy el día? No podíamos estar más felices. Nos abrazamos y repetimos nuestra frase: “Todo va a salir bien”. Aún así, incrédula, nos ponemos a contar las contracciones. Me sorprendo al saber que son muy rítmicas y frecuentes. Cada 5 minutos y cada vez más intensas. Papá y yo nos miramos, sonreímos y le pido que vaya sacando la pelota de pìlates, que esta vez va enserio. Me siento en la pelota y controlo el dolor según me enseñaron en las clases de preparación al parto. Mientras, papá me graba en video para tener un recuerdo de este momento tan grandioso. Nuestra intención es permanecer en casa el mayor tiempo posible, a la luz de las velas, con nuestra música y disfrutando en la intimidad de este precioso momento, pero de repente, voy al servicio y veo sangre que sale de dentro de mí. Me asusto y le pido a papá que vayamos urgentemente al hospital. No me gusta la sangre y creo que algo va mal. Nos montamos en el coche. Suena la banda sonora de Titanic que tantas veces había escuchado pensando en cómo sería tu llegada. Papá me tranquiliza: “todo va a salir bien.” Le digo que nos demos prisa porque no me gusta la sangre. Las contracciones en el coche ya son bastante intensas, y papá sube la música en cada una de ellas. Cada vez que cesan, sonreímos. “¡¡Qué cerca estás Mateo!!”. Llegamos al Hospital Clínico a las 5.30am. Lo primero que digo es, creo que estoy de parto y estoy sangrando, así que mírenme rápido, por favor. Enseguida me atienden y me dicen, tranquila, estás de parto, y la sangre es porque has expulsado el tapón mucoso, es completamente normal. -¡vaya, de haberlo sabido nos hubiéramos quedado más tiempo en casa! Se me fisura un poco la bolsa, pero como tengo contracciones muy frecuentes, no hace falta inducir. Me hacen la primera exploración, y me dicen, has dilatado más de 3 cm., si quieres te ponemos ya la epidural. Y pienso, ¿ya? Si esto no ha hecho más que empezar. Aún puedo aguantar mucho, y necesito saber que se siente. Nos trasladan a una habitación de dilatación, les pedimos la pelota de pilates y esperamos pacientemente. Mediante un monitor podemos escuchar el corazón de Mateo y además vemos como mis contracciones se van haciendo más y más intensas. Sentada en la pelota me recuesto sobre tu padre. Se siente orgulloso de mí, y eso me hace sentirme fuerte, muy fuerte. Entre contracción y contracción intento recordar otros relatos de nacimientos que había leído en el blog de Amanda. Me recuerdan que yo también soy fuerte, que puedo conseguirlo. Me siento con ánimo, incluso privilegiada por estar dando paso a nueva vida que está saliendo desde lo más profundo de mi ser. Papá no se cansa de decirme lo orgulloso que está de mi, lo bien que lo estoy haciendo. Cuento hasta 10 y se acaba la contracción. A la espera de la siguiente, seguimos grabando y haciendo fotos para tener siempre presentes este gran momento. Me encuentro bien y eso que el dolor cada vez es más profundo. Ahora ya no solo me duele el bajo vientre, también la parte baja de la espalda y siento cómo ligeramente mis caderas se van abriendo. Cada contracción, es una menos, unos minutos menos para verte, al fin, mi niño. Entra de nuevo una matrona, y me dice que ya he dilatado 7 cm. Son las 9.30 de la mañana. Me sorprendo a mí misma, y aunque sé que puedo aguantar un poco más, el parto está cerca y no quiero llegar sin epidural. Además, me dicen que avise con tiempo porque hay que ir llamando al anestesista. Le digo que le vayan avisando. Llega en media hora y me llevan a quirófano para pincharme. Me separo de papá unos segundos, y noto que sin él, me siento más débil. Dos anestesias locales, un catéter, y tres contracciones muy potentes después, llega la epidural. Me llevan de nuevo con papá, vuelvo a estar tranquila. La epidural poco a poco empieza a hacer efecto. Ya no siento nada de dolor, apenas un poco de presión en la tripa, aunque tengo movilidad en las piernas y los pies. El ritmo de las contracciones no disminuye, todo va bien. Son las 11 y ya he dilatado los 10 cm. Le digo a papá, ¡qué fácil, ya está, en nada veremos a Mateo! Entra una matrona y me dice, no tan deprisa, tu bebé está muy arriba, hay que empujar. Yo no siento ganas de empujar, pero sigo sus indicaciones. Boca arriba, de lado, me dicen que empuje como si tuviera un globo en la boca que no quiero inflar. Papá empuja y sopla conmigo, me agarra fuerte la mano. Así pasan 3 horas, y me dicen que Mateo sigue muy arriba, que en breve “hay que resolver”. Llevo muchas horas empujando y a Mateo le empieza a faltar oxígeno. Empiezo a notar que el efecto de la epidural se está yendo, y ante la incertidumbre de llegar a quirófano, para resolver, pido la epidural insistentemente. No quiero llegar a paritorio sin anestesia. Me dicen que está con otra parturienta y que vendrá lo antes posible. Yo cada vez siento las contracciones más fuertes. Enseguida llega otra matrona, tenemos que ir a paritorio ya. Una vez allí, tumbada en la camilla, noto que papá no está conmigo. Entonces me pongo muy nerviosa. No entiendo que pasa, y allí no paran de entrar médicos “por si acaso”. Estaban todos, menos el anestesista, y yo me sentía muy sola sin tu papá. Me empiezo a descontrolar y me dicen que estoy empujando mal, que como siga así, instrumental o cesárea, que aún no saben. Del anestesista, ni rastro. Le vuelven a llamar. Dice que viene en 5 minutos. Me agobia el quirófano. Mucha luz, muchos instrumentos, muchas voces decidiendo como “resolver”. Me pongo a gritar por primera vez. Ya no sirven mis respiraciones, estoy fuera de mí. En el pasillo, tu padre grita con firmeza palabras de ánimo. “Venga amor, puedes hacerlo”. Le oigo, y me pregunto por qué no le dejan pasar. Algo está yendo mal. Lo más difícil había ido tan bien…¿Qué estaba pasando? Les pido que no me toquen hasta que no llegue el anestesista. Me dicen que mientras, me van lavando la zona. Echan agua fría y me quejo. “¿Sientes el agua fría?, entonces no tienes nada de anestesia.” Al fin llega el esperado anestesista. Me aplica más epidural en la vía, y me dicen, ya está, ahora sí hay que actuar. Pero la epidural tarda en hacer efecto unos 15-20 min. Así que me resigno, no hay opción, hay que “resolver” sin anestesia. Entonces veo unas grandes pinzas y escucho la palabra fórceps. Me desespero y comienzo de nuevo a gritar. Me dicen que aguante que será rápido. Y es verdad, fue rápido. Solo 15 minutos después de haber entrado en el paritorio Mateo asoma su cabecita. Son las 14.50, te oigo llorar, estás llenito de sangre y muy, muy caliente. Te ponen sobre mi pecho. Llaman a papá para que pase y corta el cordón umbilical. Respiras por primera vez. ¡Al fin estamos los tres juntos! Nos ponemos a llorar. Papá tenía razón “todo ha salido bien.” Mateo está encima de mí y con su pequeña manita aprieta fuerte el dedo de papá. Ya nada nunca podrá separarnos. Entonces me doy cuenta de que absolutamente todo, ha merecido la pena. Habría hecho esto por ti, una y mil veces.

(26 de Abril de 2014)1175059_643690039043302_2532989599836427272_n

 

 

 

 

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10 comentarios en “Tu nacimiento, Mateo”

  1. Estoy muy orgullosa de ti, mami. Lo he leido 4 veces y la verdad… Solo me han dado ganas de experimentar todas estas sensaciones.. Estoy muy feliz por vosotros 3… Tu te mereces esto y mas.

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  2. Vic!! No sabes cuánto me acabas de ayudar.. Estoy embarazada de casi 5 meses y estamos super felices, pero a veces pienso en el parto y me entran todos los miedos del mundo. Muchas muchas gracias, leer tu historia me ha hecho ver las cosas de otra manera y que aún tenga más ganas de que llegue el día. Me alegro mucho por vosotros y que estéis bien los tres!! Un beso guapa!!

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  3. Vic!! No sabes cuánto me acabas de ayudar… Estoy embarazada de casi 5 meses y estamos súper felices y contentos, pero a veces pienso en el parto y me entran todos los miedos. Leer tu historia me ha hecho ver las cosas de otra manera y querer con más fuerzas que llegue ese día!! Muchas muchas gracias y me alegro que estéis muy bien los tres!! Un beso!!

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  4. Casi lloro.
    Aun no ha llegado mi momento de ser madre pero reconozco q tu relato, especialmente el final, me ha hecho emocionante.

    Algún día seré Mami y lo mismo me acuerdo de ti y de lo bien q salio todo
    Un beso a los 3

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